Cuando Cristo llega a la escuela…

Dios en la escuela

Entrar a un aula de clase llena de conocimiento pleno del docente que lidera su cátedra, debería generar en el estudiante una pasión por escudriñar, investigar y reproducir. Proceso que llega al  conocer nombres, vida y obra de estudiosos matemáticos, científicos, filósofos, sociólogos, etc.; que aportaron en su momento y lo siguen haciendo, a la formación de niños y jóvenes en su proceso académico, nombres que hoy adornan las paredes de cada escuela en todos los rincones del mundo. 

Entonces… en esos muros y estantes “llenos de libertadores, descubridores y sabios, ¿No habrá sitio para Él (Jesucristo)?” 1.

Hablar de Jesucristo en la escuela, se convierte sin razón alguna en largos debates que más que beneficiosos, llegan a un frenesí de ideologías y doctrinas personales o terciarias de cada parte.

En FARES, más que hablar de Jesucristo, lo seguimos. Porque más allá de aprender la hermosa y muy significante oración al Padre o versículos de memoria sin sentido, queremos dar sentido a la vida de nuestros estudiantes. 

Para lograr este cometido, tenemos que conocer un hecho que marcaría  la historia de la educación en el mundo, cuando en el año 1536 se da apertura a la primera escuela pública, gratuita y obligatoria. Una educación a la que en  esa época solo podían acceder quienes ostentaban cargos clericales y las altas élites.  

Fue entonces en aquella época que pensando en llevar el evangelio a todo el mundo como lo indica el libro de Marcos en el capítulo 16 versículo 15 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”, era necesario no solo llevar las buenas nuevas, también era necesario que quienes recibieran el mensaje pudieran proclamarlo, compartirlo, leerlo y escribirlo. Una apuesta que iría en contra de lo fundamental, pues para ser elevado a santo, como fue canonizado Fray Martin de Porres, no era necesario tener conocimiento académico (Martín de Porres era analfabeto).

Es muy contradictorio que después de 485 años, hoy, con un desconocimiento total de lo que representa la reforma protestante se siga mal interpretando en círculos de iglesia, la carta que el Apóstol Pablo le escribió a los Filipenses y que encontramos con el capítulo 3 y versículo 8, condenado la universalidad de la educación, el estudio de la ciencia y pseudociencias, dividiendo lo espiritual, la conciencia y la razón, de lo humano.

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” Filipenses 3:8 

La reforma protestante, trajo entonces, mucho más que una división del mundo católico, la reforma que en el siglo XVI generó Lutero, y que hoy festejamos cada mes de octubre, significó y debe seguir significando, esa gran libertad de la opresión, esa “libertad de la ignorancia”. 

En el año 1547 cuando gracias a la confesión de fe de los escoceses, se abren escuelas en zonas rurales, apartadas de las grandes ciudades, es aquí cuando se puede llegar a los niños que el mismo Jesucristo insistía en poner como ejemplo para llegar al reino de los cielos (Mateo 18:3).

Ya en el año 1620 fecha en la que en Inglaterra, el 80% de los hombres y el 70% de las mujeres, sabían leer y escribir, un promedio de 102 ingleses puritanos huyendo de la persecución religiosa se embarcan en el MayFlower, llegando a las costas de Estados unidos y dan paso años más adelante a la formación superior, Universidades con valores Cristianos.

No cabe duda que la reforma protestante marcó la diferencia, pero no debemos olvidar que esa batalla de la libertad de la ignorancia, sigue vigente y está en nosotros como docentes, líderes y pastores, seguir cerrando la brecha.” 3

Y mucho tiene que ver la revolución científica con esta batalla a la libertad de la ignorancia, revolución condenada por muchos que al parecer no saben que es una hija de la reforma protestante, con hijos de reformadores y protestantes y que además profesan la doctrina de Jesucristo, si, muchos de los grandes científicos, son evangélicos, y fue gracias al conocimiento orientado desde casa y acompañado en la escuela,  que después de leer la biblia en donde se nos habla de observar los pájaros, de mirar el mar, de sentir la presencia del espíritu, nace el método científico con Francis Bacon, quien fue educado por su madre en lo que hoy conocemos como escuela en casa, pero con un componente fundamental, todo fue basado en los principios del Puritanismo Calvinista. 

Si hay una palabra que en la época de bachillerato asuste a los estudiantes es el concepto de “la tangente” un proceso de cálculo matemático estudiado y desarrollado por Isaac Barrow, un Teólogo, Matemático, Físico y Filósofo que sin lugar a duda  revolucionó las medidas y fue pilar para las futuras investigaciones de Isaac Newton, también teólogo y físico a quien le debemos los estudios de la gravedad, economía, y aunque no lo crean muchos, muy buenos comentarios bíblicos. 

Como estos científicos, podemos dar cientos de nombres, de piadosos seguidores de Cristo, que profesan la Fe, que leen la biblia,  que van a la iglesia, si, evangélicos, pero sobre todo que llevan consigo el verdadero significado de ser Cristianos, el verdadero significado de tener a Cristo en medio de la escuela, en medio de sus propias vidas y que nada separaba su fe en Cristo con la investigación, porque entendieron el verdadero significado, que está en los 66 libros que conforman la Biblia, se aplica dentro y fuera de la iglesia, dentro y fuera de casa, dentro y fuera de la escuela. 

Quiero citar una cifra interesante, frente a los premios nobel de la ciencia. Desde el año 1901 al año 1990, el 86% de los galardonados fueron protestantes y judíos, de esta cifra 64% protestantes y 22% judíos. El 14% restante de quienes se llevan el honor de ser nombrados Nobel de la Ciencia se los llevan ateos, agnósticos, hindú y católicos

Con este texto no pretendo decir que nuestros estudiantes en FARES sean todos, los próximos premios nobel de la ciencia, si está en el propósito de Dios así será, pero si quiero dejar un precedente fundamental para indicar por qué desde nuestra convicción, fe o estilo de vida, creemos necesario que Jesucristo como persona, esté en la escuela, más que en una oración al iniciar la mañana o en una clase de religión. 

Si Cristo está en la escuela los docentes son capaces de dejarlo todo, cuando “mueren” a sus pretensiones personales y dejan que su pasión y ejemplo guíen a sus alumnos. Cristo está en la escuela cuando aprendemos el respeto por el otro, cuando entendemos sus diferencias, cuando potencializamos -como él lo hizo con sus apóstoles- las competencias de los demás.  Cristo llega a la escuela cuando vemos al ser y a la familia como pilar de la sociedad, cuando compartimos desde la diferencia. Cristo llega a la escuela cuando permitimos que los niños se acerquen a Él. Cristo llega a la escuela cuando no se apaga la llama de la exploración, cuando nos alegramos por cada momento del día, Cristo llega y se queda en la escuela y en la vida de nuestros niños cuando les permitimos maravillarse de todo lo que les rodea, cuando son verdaderamente felices, cuando ven en su constancia resultados que benefician a cientos de miles de personas. Cristo llega a la escuela, se queda y premia a quienes nos rendimos a él y por él.

Cristo llegó, está y se quedará en FARES para habitar en medio de cada corazón, de cada familia, para cumplir el propósito maravilloso con cada uno de nosotros.

 

Feibir Beltrán Luna
Capellán Fares

Comunicador Social – Periodista

Licenciado en Teología

Licenciado en Psicología del Sistema Familiar

Especialista en Familia

Ato Dr. en Teología


  1. http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:141502

  2. https://www.logosklogos.com/interlinear/NT/Fil/3/8 

  3. Feibir Beltrán

Otras referencias:

https://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Bacon

https://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton

https://www.infobae.com/america/eeuu/2020/09/13/a-400-anos-del-mayflower-el-barco-en-el-que-nacio-estados-unidos-quienes-eran-sus-ocupantes-y-a-que-fueron-al-nuevo-mundo/

Biblia Reina Valera 1960

Biblia Nueva Versión Internacional

 

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